Crónica del 24 de marzo


El 24 de marzo no es un día más para los argentinos. Es un día para recordar y reflexionar del inicio de una de las etapas más oscuras de nuestra historia. Es una fecha donde aparece la sensación de que la justicia no es suficiente porque la verdad nunca se completó. Desaparecidos cuyos destinos no se conocen, familias que todavía no saben qué pasó con sus hijos, y nietos que no recuperaron su identidad. Por eso a 50 años de esta atrocidad, el 24 de marzo sirve para entender y abrir los ojos a la verdad que durante mucho tiempo fue negada.
Pero como muchos dicen “esto no empezó de un día para el otro” fue pensado y planificado detalladamente. Aunque el golpe se concretó en 1976, el clima de inestabilidad ya venía de antes. Desde la muerte de Juan Domingo Perón en 1974 y el gobierno de Isabel Martínez de Perón, con José López Rega y la Triple A, el país ya venía con atentados, amenazas, secuestros y asesinatos. “Nosotros éramos jóvenes, no entendíamos. Pensábamos que era un golpe más, como otros que ya habían pasado”, recuerda mi abuelo, que tenía tan solo 23 años cuando ocurrió el golpe.
Una de las cosas más impactantes y que se repite en los testimonios es que en el momento no se entendía la dimensión de la situación. Se veía como algo que estaba mal, pero como era de la vida cotidiana se naturalizaba. “Hasta después de que salieran testimonios no se supo la gravedad”, dice mi abuela mirando los testimonios de la marcha en la tele. “No había tele, ni había radio que dijera lo que pasaba. Todo se tapaba. El que hablaba… desaparecía”, explica mi abuelo. Ese silencio característico era parte del sistema, en el que se buscaba robar la verdad.
Con el tiempo, los secuestros empezaron a verse cada vez más cerca. En facultades, como Psicología, entraban y se llevaban estudiantes. Revisaban agendas de personas secuestradas para buscar a otros y las personas huían de sus casas por el miedo. Gente que conocías desde chicos empezó a desaparecer. “Al Turco Toni lo conocíamos de toda la vida. Decían que era guerrillero… pero sabíamos que era mentira. Un día lo secuestraron con la novia y los mataron”, dice mi abuelo con indignación y dolor. Ahí todo dejó de ser abstracto para volverse cercano. Empezaron a aparecer historias de secuestros y torturas: “Un chico estuvo más de un mes detenido, lo soltaron y se fue a España por el miedo. Nunca volvió”, cuenta mi abuela. Episodios de violencia directa donde simplemente estabas trabajando y de la nada un auto te encerraba, te apuntaban con un arma en la cabeza y tu vida solo dependía de un nombre, de un contacto, del azar.
Con los años se supo lo que en ese momento estaba oculto. Centros clandestinos de detención como La Perla o El Olimpo o La Esma, donde miles de personas fueron torturadas y asesinadas.“Aparecieron cuerpos… pero muchos nunca aparecieron”. Científicos, trabajadores, delegados sindicales. Lugares enteros quedaron vacíos. “En el INTA de Castelar se llevaron a todos los investigadores. No volvió ninguno”, dice mi abuela, haciendo referencia al lugar donde trabajaba en esos años mi otra abuela. Embarazadas detenidas y sus hijos apropiados. Abuelas y Madres que hasta hoy buscan a sus nietos. Una lucha constante que sigue hasta el día de hoy “Una conocida encontró a su nieto hace unos años. A su hija se la habían llevado", dice mi abuela mirando en las noticias las imágenes de las abuelas en la marcha. Esa búsqueda representa el 24 de marzo: no olvidar y seguir preguntando.
Durante mucho tiempo no se podía hablar, ni preguntar, ni saber. Por eso se valora a las Madres de Plaza de Mayo y Abuelas de Plaza de Mayo, que nunca dejaron de preguntar dónde están. Aunque hoy se sabe mucho más que en esos años, la verdad no está completa. Por eso hoy a 50 años del golpe hay que unirnos para hablar, preguntar, recordar. Luchar y hacer lo que se nos fue arrebatado: memoria, justicia y verdad, y decir nunca más porque hay memoria, pero costó construirla; hay justicia, pero no siempre alcanza; y hay verdad, pero no toda. El 24 de marzo no es sólo un recuerdo: es una búsqueda que sigue abierta.

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